Por Luz Loaiza

Instinto en compartir la emoción que sentimos al asistir a una Novillada. Cuando se ven ganas en los chicos, entrega y que hacen lo posible por agradar, en verdad se agradece.

Sin duda el notar en ellos afición y gusto por lo que están haciendo, contagia a los espectadores, sean aficionados o no. En ocasiones, cuando se trata de novilleros muy jóvenes, se llega a sentir hasta ternura al verlos, lo cual en segundos se transforma en admiración y susto por el peligro al que se enfrentan, pues llegan a ser muy valientes.

Se arriman al novillo, banderillean, quisieran hacerlo todo en la lidia, realizan su quehacer disfrutando cada pase, valorando lo difícil que será volver a tener una oportunidad y estar toreando de nuevo. Puede observarse experiencia en algunos, incluso hasta listos ya para tomar la Alternativa; en otros, es evidente su “verdor” y falta de conocimiento, pero su gran deseo, a la vez, de aprender y adquirir lo necesario para ocupar un lugar en la fila de los grandes, por lo cual el gusto por verles y aplaudirles no es menor.

El valor es un elemento latente en toda Novillada, se pensaría que no tienen límite ni miden consecuencias, hay novilleros que simplemente se abandonan en su toreo, sin pensar en otra cosa que no sea el estar ahí, quietos, desafiando al astado, pasándoselo tan cerca que llegan a ser agarrados o levantados, por el novillo y cuando es posible por fortuna, se reincorporan de inmediato para seguir con lo que estaban, demuestran realmente que el miedo no existe y no queda de otra que expresar, este muchacho está loco!

  • Sin embargo no podemos olvidar que existe la otra cara de la moneda, pero no queremos ser pesimistas, ni prestarle mayor atención, animados por ser más los casos en que demuestran su deseo por convertirse en verdaderos Toreros… Enhorabuena para todos los Novilleros!