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Por Luis Castro. | Fotos: Salomón Martínez

Fue la tradicional corrida nocturna en la Monumental de Morelia como rueda de la fortuna: Un torero que ha viajado en una de las sillas de la rueda y que en su ruta circular viene en el trayecto de bajada aproximándose al sitio donde debe bajarse ya. Otro que está en una silla que va ascendiendo sin llegar aún a su parte más elevada. Y de uno más que queda la duda si debió haberse subido ya a esta complicada rueda de la fortuna.

Con casi lleno en el tendido de sol, salvo las barreras que lucieron casi vacías y con menos gente en sombra se lidió un encierro de El Junco que no dio complicaciones, pero justísimos en bravura, incluso algunos tirando al descastamiento tan de moda en la ganadería brava ¿brava? mexicana. Algunos difíciles para banderillear. ¿Qué aprendieron en el campo? ¿Qué resabios adquirieron en la tienta?

La gente salió contenta, pero no toreando. No de esas tardes, ahora noche, de las que se dice que la gente sale toreando a pesar de la numeraria de orejas cortadas. No, pero salió satisfecha dando su boleto por bien pagado porque los coletas hicieron su mejor esfuerzo, muy profesionales, y estuvieron en todo momento muy por encima de los toros.

Antonio Mendoza, en el de su alternativa, verónicas y chicuelinas de recibimiento nada del más allá. Toro facilón, sin emotividad, faena simplemente decorosa por la derecha pues por la izquierda el toro dijo NO. Sanjuaneras de epílogo, pinchazo, media y dos intentos de descabello saliendo al tercio a agradecer los aplausos de estímulo.

El Zotoluco, en el de devolución de trastos, con el mejor del encierro que por su lado derecho metía la cabeza abajo de principio a fin del muletazo, cuajó faena por ese lado muy agradecida desde el tendido. Por el izquierdo era muy deslucido y no insistió atinadamente por allí. Martinetes y todas esas cosas que son de rutina en una faena. Mucho mérito tuvo matarlo, pues en tres veces que se tiró El Zotoluco el toro no dio un solo paso, lo que se dice mató a toro parado hábilmente, a pesar de que le alcanzaron a sonar un aviso.

El tercero a media embestida cortaba la suerte para regresarse a buscar al torero no permitiendo muletazos completos, pues Joselito Adame tenía que quitarse de allí antes de que la res se lo encontrara. Faena entonces de semipases que la gente festejó y como mató de estoconazo la asistencia, no toda, pidió las dos orejas que fueron concedidas, al principio protestadas por sector minoritario.

El cuarto fue pitado de salida por su falta de trapío. El Zotoluco le sacó tandas por la derecha que entusiasmaron sin llegar al frenesí y la res acabó queriéndose rajar. Estoconazo y dos orejas.

El quinto, segundo de Joselito Adame, tuvo poco recorrido, apenas justa bravura, que el de Aguascalientes lo llevó muy toreado en cada pase por la derecha y aún en la vuelta del toro pues volvía sin violencia. Pinchazo hondo, el puntillero lo levantó, recurrió al descabello y fue aplaudido.

El sexto, para Mendoza, soso, sin clase, aunque sin malas ideas como ninguno del encierrro. Pases, los que se podían sacar a un toro de esas características, rodillazos, pinchazo y media estocada para que le otorgaran una oreja regalada, con algunas protestas, quizás para que su alternativa no fuera como un cumpleaños sin mañanitas.


FICHA:

Tradicional nocturna en la Monumental de Morelia con casi lleno en sol y menos de tres cuartos en sombra. Toros de El Junco, bueno el segundo y los demás descastados.

Eulalio López “El Zotoluco” aplausos con aviso en su primero y dos orejas en su segundo.

Joselito Adame, dos orejas y aplausos.

Antonio Mendoza, al tercio y oreja.