Por Luis Castro/ Imágen Paulo Ramírez

Aquel toro Fantasma que aún está en las mentes de los aficionados, ayer viernes fue curado por última vez. “El momento cumbre, ya limpio de todo”, exclama el ganadero Enrique Fraga cuando es liberado por primera vez a una corraleta donde estará unos días, pero ya con les heridas totalmente cerradas y libre del riesgo de infecciones, aunque con 140 kilos menos que fue lo que perdió.

Tuvimos la fortuna de estar allí con Edna Lopez, el ganadero de El Junco y dos fotógrafos de la Asociación Nacional de Criadores de toros de lidia, para presenciar además un pequeño entrenamiento con tres caballos del también rejoneador Fraga.

En un vídeo que me compartió Edna López se escucha parte de la plática que tuve con Enrique. Parecerá una falta de respeto esa forma de referirme al ganadero, pero al final explicaré brevemente porque esta familiaridad. A la pregunta de si se había venido a asentar acá por las tierras de Araró por la querencia, ya que él es Moreliano y su ganadería está a menos de una hora de Morelia, en el vídeo se escucha cuando afirma que en realidad “se le alinearon las estrellas” para encontrar ese rancho en venta.

Le comenté que ya había sido (lo sigue siendo) matador de toros, rejoneador y ahora ganadero, ¿Qué sigue, qué más hay hacia adelante? Me dijo que dedicarse a la ganadería, algo que es de ir al día con día y que una de sus ilusiones era invitar a las tientas a escuelas taurinas para que los chamacos novatos tengan oportunidad de pegar sus muletazos. Es que Fraga sabe perfectamente lo que es luchar por conseguir un pitón, anduvo mucho la legua.

Me expresé dos párrafos arriba del ganadero y matador Enrique Fraga simplemente como Enrique. Es que siendo él y yo de Morelia nos conocimos desde la infancia de él y yo en mi pubertad en el grupo de los Boy Scouts. Allí estuvimos ambos. Poco tiempo después volvimos a coincidir en el ambiente de los toros, cuando antes de irse a Ciudad Juárez con su primo Benjamín Morales iba a la plaza a entrenar.

Total, que ayer tuve, o tuvimos, la fortuna de presenciar lo dicho anteriormente. Y un atardecer que cuando el sol se fue sin despedirse, sólo quedó una sonrisa de horizonte que se mira en los labios de lago adormecido. Desde aquí reitero todo mi agradecimiento al ganadero y a su señora esposa Claudia Florescano por la invitación y todas sus atenciones.