Cuarto artículo de seis, publicado en junio de 1996.

Luis Castro.

En memoria de Don Rodrigo Tapia continuamos con recordatorio breve de algunos capítulos de su vida y su historia como ganadero.

Los inicios de la ganadería de Don Rodrigo Tapia, cuando la recibió como herencia de su padre, constaba de ganado criollo bravo, no de casta como en la actualidad, ya que hay que recordar que en el siglo pasado (XIX) las ganaderías mexicanas estaban formadas por ganado criollo.

Fue, aproximadamente, entre los años 1905 a 1911 cuando ganaderías como Tepeyahualco, Piedras Negras, San Mateo y San Diego de los Padres comenzaron a traer vacas y sementales de la península Ibérica. De ahí que en esos tiempos las ganaderías que ya habían logrado hacer cruzas con el ganado importado se anunciaban en los carteles con aquello de “sangre española”, leyenda que algunos empresarios despistados continuaron hasta hace poco poniéndolo todavía en los carteles.

Así, pues, le tocó a Don Rodrigo vivir la época en que la ganadería brava mexicana comenzó su historia con la importación de ese ganado español, aunque antes las había, pero con ganado criollo. Junto con ello las formas primitivas que tenían los ganaderos para probar la bravura de sus animales en las tientas.

Una de esas formas fue la de poner unos “monos” en el ruedo, que consistían en tres palos amarrados por su parte superior formando un tripié, cubiertos con un sombrero y una chamarra. La idea o la teoría era ver la manera en que el becerro que se estaba tentando embestía al mono: si lo hacía humillando con la cabeza abajo era de esperarse que así lo hiciera en el ruedo durante su lidia; si lo hacía con la cabeza arriba se esperaba algo semejante. Y de todo ese comportamiento el ganadero sacaba sus conclusiones y clasificaba a su ganado.

Fue Don Rodrigo posiblemente el último ganadero en el país que conservó esa forma de tentar, la cual eliminó hasta hace pocos años por consejo de Mariano Ramos.

Otra particularidad que tuvo Don Rodrigo por más de 20 años es que en un solo día tentaba todos los machos y hembras pertenecientes a la nacencia del año y los herraba, comenzando ese día desde muy temprano y concluyendo hasta el anochecer. Maratónica jornada, pero todo un agasajo para los toreros presentes, pues toreaban hasta el cansancio. Fue el licenciado Fernando Ochoa quien le aconsejó y convenció de que esas labores las distribuyera durante el año, no en una sola vez, para que tentara sin prisas y además pudiera así cumplir con diversos compromisos que los ganaderos suelen tener con diferentes toreros, empresarios y hasta políticos.

El próximo jueves, quinto artículo de esta serie de seis en homenaje a Don Rodrigo Tapia.

[flagallery gid=119 name=Gallery]