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Crónica de C.R.V.
Fotos: Prensa Joselito Admame / Luis Miguel Sánchez

 

 

TRES RETRATOS

Metidos en una corrida laberíntica, sin claves técnicas para resolver suesquizofrenia de movilidad, la derrota no les llegó por el toro. Les ganó la tarde, la gente y su forma invisible de ver el toro y el toreo. La que Madrid tiene dentro de su personalidad ciclotímica, capaz de pasar de la euforia a la depresión, sin pasar jamás por el estado de la melancolía. No le ganó a Adame el toro feo, basto y a la caza de un error,  que le cogió como un gigante palurdo y cruel se place maltratando a un niño que se acerca con su verdad de la mano. Tampoco le ganaron a Aguilar ni aFortes sus toros, sino ese eco indiferente que se escuchaba desde el tendido mientras ellos se esforzaban con una corrida sin resortes, complicada, desrazada, sin apenas nexo común en su movilidad sin entrega. Si pudieran, habrían gritado esa desesperante paranoia de falsas embestidas de corrida tan complicada. Pero los toreros no gritan. Sólo les está permitido gritar en silencio.

Rompamos pues el silencio los que podemos gritar porque las cornadas de los tuiwtiriteros arañan apenas. La mala palabra no hiere. Tres rostros para leer lo que yo vi, tres retratos de los tres toreros, me avalan: el  noqueado de  Adame, roto por dentro después de esa cogida que comenzó con el bruto colorado de la ventana de El Puerto metiendo todo el pitón por la parte de atrás de la chaquetilla, saliendo el cuerno, y ,ensartado, lanzarlo cruel al aire para estrellar su cuerpo contra el suelo como se tira un cuerpo desde un precipicio,  y buscarlo allí con saña reiterada.  Se levantó el torero como Cristo se habría bajado de la Cruz, para seguir toreando como lo había hecho, sin otra respuesta que la indiferencia seca salpimentada de alguna protesta de agria sensibilidad.Firme, natural, asentado, corriendo la mano mientras el bruto llevaba la cara a su altura, a su aire, por dentro, sin colocarla nunca, siempre con ese pasar de pacífica mentira, pues sólo se movió a la espera del error. Y del error al horror hay pocas letras.

Tuvo la corrida tamaño, cuerpo, volumen y movilidad. Tuvo eso que, sumado todo, no es ni una onza de bravura. Un día todos aceptarán quemoverse no embestir, que la inercia no es embestir, que pasar no es embestir. Hasta entonces sucederán tardes como éstas, en las que los otros dos rostros: el de Aguilar, vacío de entrega en la cuenca de los ojos y lleno de no entender y el de Fortes, sereno por fuera, derrotado por dentro, eran los lienzos  donde quedaron pintados  los cuadros  de una derrota que no fue frente al toro. Cuando los tres toreros decidieron que la larga distancia era una forma de aprovechar la movilidad, jaleó el público encorrida sin orgasmo que se convertía en decepción al minuto, cuando se acortaba la distancia, cuando los toros no empujaban nunca la muleta, cuando cada pase era una movilidad  sin clave, sin dos técnicas seguidas que aplicar. Hubo un momento, en el final del cuarto y en el quinto, queFortes y Aguilar entregaron la cuchara que enterraba la tarde: pero no por el toro. Ninguna psicología de torero alguno es más fuerte que la ciclotímica de esta plaza.

Se fue Adame a porta gayola a jugarse el pellejo luego de haber intervenido en quite ceñido en el primero (ningún torero perdió su turno con el capote con una corrida que aconsejó pasar de la capa) apenas con eco, inicio torero faena, le dio distancia a ese toro de pasar esquivo y áspero, de peligro sordo,  sin meter la cara, siempre por dentro y por arriba. Pasar no se puede torear, se torean las embestidas. La cogida era conocida desde que se puso a torear.  Pero jamás se intuyó tan  brutal, tan de tragedia. Tuvo  los arrestos para seguir y, de allí, irse  al hospital. De los toros, el primero el mejor  en todo, en tipo y mansedumbre noble de humilladas embestidas con escaso celo en una faena compuesta y limpia deAguilar. Luego una suma de lo mismo. El tercero fue toro de pasar sin entrega, dócil sin bravura,  sin dos acometidas iguales, para una faena expuesta, firme, sin fisuras, de Fortes. Pero en ese toro ya estaba la tarde camino del su veredicto. Porque el esfuerzo de Aguilar con el cuarto, otro deslucido descastado y complicado,  se convirtió en eco agrio en una grada que invitó al toreo a dejarse ir, a no gritar, a gritar callado. El quinto fue soso, de embestida corta y Fortes aplicó una mecánica sobria entendida como falta de luces. Pero creo que  sólo toreó vencido por una tarde derrotada. Puso Aguilar en el sexto ese énfasis que ponemos en las palabras sin acento cuando le ponemos el acento que no tiene: una errata, una falta. Porque toreó pendiente de la grada, dispuesto, pero a la espera de que la ira no fuera la fase final de una tarde cuya derrota les duele más porque no la hubo.

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Plaza de toros de Las Ventas de Madrid.- Tercer festejo de la Feria de Otoño. Tres cuartos de entrada, Toros de El Puerto de San Lorenzo y La Ventana de El Puerto (2º y 4º), complicados, deslucidos y faltos de raza a excepción del noble primero. Alberto Aguilar, ovación tras aviso, silencio y ; Joselito Adame, lesionado, y Jiménez Fortes, silencio tras aviso y silencio en el que mató por Adame.

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