Crónica y fotos: Luis Castro.

Festival taurino infantil y de jóvenes toreros con entrada gratuita este domingo 13 de mayo en El Palacio del Arte de Morelia, al mediodía.

Antonio Magaña, un ciclón de entusiasmo, un volcán de ansias de hacer las cosas como las hacen los toreros, un terremoto de afición, intenta esto, intenta aquello sin darse pausa. Desde que se desprendió del burladero salió a quedarse quieto desde la primera verónica. Remate vistoso, demasiado para un principiante. Intentó dos veces gaoneras iniciando por el lado derecho y en ambas se le coló la becerra, pero fue de inmediato a pegar tafalleras y sin pausa, banderillas. Y en esto estábamos cuando ya estaba pegando muletazos, de pie, de rodillas, intentando hasta el teléfono. Hoy no sabe que a un animal andando no se le puede hacer el teléfono, sino totalmente parado, pero ya lo aprenderá. Muerte simulada y oreja simbólica. Vaya afición de chiquillo.

Andrés Lagravere, con un becerro flacón y poca fuerza, faena voluntariosa sin mucho impacto. Y hasta podría sobrar la palabra «mucho». Oreja.

Pedro Llaguno, con otro flacón, se vio que ya lleva bastantes animales pasados por su muleta, anda suelto, con seguridad, sereno, ya mucho torero para ese tamaño de animal. Intentó muchísimas suertes, unas le salieron, otras a medias, pero por ganas no quedó. Oreja.

Y el Defeño radicado en Pátzcuaro Antonio Mendoza lidió un novillo que de largo se dejaba meter mano, aunque un tanto áspero, y en corto salía por la axila de su lidiador o se revolvía pronto buscándole las pantorrillas, de modo que cuando de pase en pase le dio distancia larga le pegó buenos muletazos, cuando se le olvidó y lo quiso ligar en corto pasó apuros. Pero sigue vigente una gran esperanza en este chamaco de que allí se esté forjando un buen torero. Estocada caída y tendida insuficiente y alcanzó a escuchar un aviso antes de acertar con la corta. Ovación.

Regaló, más bien alguien le regaló, otro novillo que dio una lidia insulsa, sin chiste. Ni asustaba ni entusiasmaba. Con el capote parecía sosear, con la muleta nunca rompió y salía deslucidamente con la cabeza arriba. Torero de valor es este Mendoza, de quedarse muy quieto y la gente se lo reconoció. Volvió a fallar con la espada.

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Imàgenes de Fernando Cisneros.

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